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A las 6 y pico

La tuerta Roxana

La tuerta Roxana

La vida está hecha de sorpresas.
Un día estás en lo más alto de la torre de Picasso, regodeándote en tus éxitos personales mientras que al siguiente, te encuentras bebiendo champang, de a 30 euros el Benjamin en el burdel de tu amiga Roxana, la tuerta.
Y no es que necesite pagar a cambio de buen sexo -un tipo como yo nunca tuvo problemas para ligar, ni mucho menos para follar- pero es que a mí me gusta la conversación de la vieja Roxana.
Roxana es tan sabia y ha vivido tanto... No hay mal para el que la tuerta Roxana no tenga remedio.
Y lo que aquí digo es bien cierto. Aunque alguien como yo siempre de la impresión de la vida nunca le negó nada; he tenido mis altibajos como todo el mundo.
Pero cuando he tenido necesidad de un hombro sobre el que "llorar", siempre he encontrado los compresivos ojos y el paciente oído de la vieja bruja, como algunos la llamamos en confianza.
Roxana siempre se encuentra disponible cuando se trata de ayudarte a sanar los males de espíritu que dice ella.
Por eso ahora y desde hace mucho tiempo, cada vez que me encuentro con alguna encrucijada en el camino, o algo me arde en el alma, consulto con la tuerta Roxana y me digo aquello tan tópico de: "Y mañana Dios dirá".
Considero que he llegado a hacerme experto en "dioses y diretes".
Os daré un consejo antes de irme: Si os encontráis alguna vez con la vieja Roxana, nunca jamás le preguntéis por qué está tuerta.

El tomate

El tomate rojo rojo
en su mata,
en su mata de tomate,
que no mata de que te mata,
sino de tomate.
El tomate rojo rojo
es rojo
porque es tomate,
y no pepino,
ni lechuga,
ni otras verduras meramente verdes.

Es rojo porque es tomate
y es rojo porque es rojo
(rojo tomate).

Porque su rojez
es la rojez del tomate.

No la de la puesta de sol.

No la de la sangre.

No la de las banderas de los revolucionarios de ideología socialista.

No, sino la rojez del tomate.

Un color que podría llamarse
(acaso)
rojo tomate.

Porque los tomates son rojos rojos
y el tomate rojo rojo,
tan rojo él,
tan tomate,
tan pequeño
(es tomatito)

aún

está

verde.

Doy el último sorbo del café
que cada mañana me transporta a este mundo.
El cigarro se consume, poco a poco,
como cada transeunte, pero solo él lo sabe
NUESTRA VIDA PASA.

EL TRIÁNGULO ESCALENO

La noche. La luna rodeada de un halo de colores. La ciudad iluminada ofrece a lo lejos todo un espectáculo esplendoroso, casi pirotécnico. Adela lleva un rato asomada al balcón, recreándose en las vistas y en su soledad. Siente frío y pasa al interior de su hogar, donde la chimenea arde en una mezcla de destellos de fuego.

El silencio se apodera de la casa en cuanto cierra la ventana de la terraza, se hace eco dentro de ella y por unos instantes se le cae la casa encima. Lleva demasiado tiempo luchando consigo misma, a traición, sin saber qué dirección tomar. Se siente tan perdida…
Le apetece una infusión y entra en la cocina a prepararla. Coloca una taza con agua en el microondas y acciona el aparato, observa con detenimiento la rotación lenta de la porcelana mientras se calienta el agua. Un pitido agudo le advierte del final del tiempo programado. El líquido ya está caliente. Añade una bolsita de menta y dos cucharadas de azúcar y se dirige de nuevo al salón, acomodándose en el sofá, frente a la chimenea. Se descalza y adopta una postura cómoda mientras clava su mirada en el fuego que arde.

La soledad invita al pensamiento a darse la mano. En otro momento, habría llamado a Manuel y ahora estaría con él, al calor de ese fuego cálido, al abrazo de ese cuerpo tan suyo. “Manuel, otra vez Manuel, siempre Manuel”. Se incorpora un poco y acerca las manos a la chimenea, intenta desviar su pensamiento a otro lado pero no lo consigue. Desde que Manuel se marchó, desde que no sabe nada de él, los días se hacen largos.
Adela pensaba que apartarlo de su vida sería lo mejor, pero se equivocó de nuevo, aunque nunca sea capaz de admitir su error. No está dispuesta a reconocer que no supo dar ese paso maldito hacia lo desconocido. Creía a ciencia cierta que el no verlo, le devolvería la paz y la estabilidad, nada más lejos de ello.

Vuelve a recostarse a su postura original y cierra los ojos. Respira hondo y suelta el aire poco a poco. Lentamente aparecen las imágenes, los mismos recuerdos de siempre, magnificados por su fantasía, por ese pensamiento que los evoca inconscientemente día a día para no arrinconarlos. Se deja llevar por ellos al tiempo que introduce las manos bajo su camisa y se toca los pezones que se yerguen al momento. A ellos, la caricia les parece ajena, conocida y suave. Y pasea por su mente la respiración ahogada de Manuel mientras roza levemente sus pechos, sus labios se recrean en su cuello y su cuerpo reposa suavemente en su cuerpo, mojado y caliente, ávido de deseo. La imagen es casi real, como un holograma. Puede oír su voz, notar su presencia, olerlo... Comienza a besarse los dedos como si besara los labios de él, su respiración se acelera, abre un poco las piernas mientras sus dedos avanzan…


Oye la puerta abrirse y se levanta muy rápido, sobresaltada. Su marido la saluda desde el pasillo.

-Cariño, ¿qué haces aquí?-avanza hacia él con paso rápido, aturdida.

-Ya ves, quería darte una sorpresa ¿Cómo estás?- Se inclina a besarla con una dulzura que se va convirtiendo en pasión. Tira el maletín en el suelo y comienza a desnudarla.-Te he echado de menos…Todo el camino venía pensando en ti, en llegar para verte. Qué bonita estás…

Adela lleva puesta una camiseta de tirantes y un pantalón de pijama a cuadros, de franela. No hay mucho que quitar, no lleva ropa interior.
Su piel brilla por el reflejo del fuego, su pelo alborotado le cae en los ojos, sus labios besan otros labios…Hacen el amor improvisando las caricias que surgen espontáneas sin pensar, devorándose con los labios, las manos, sin hablar, ni la más mínima palabra, sólo sintiendo la piel.
Ella reconoce esa forma de amar, tiene la sensación de que no es a Luis a quien se entrega en ese momento de los dos. En su mente se está acostando con Manuel. Por un momento quiere parar, pero es tan real el sentimiento que continúa con su fantasía. Las mismas sensaciones, el mismo olor, la misma piel, el mismo pecho, el poder de la mente. No abre los ojos en ningún momento, no quiere salir de esa especie de trance extraño que le brinda su fantasía. Sólo cuando Luis le dice “Te quiero”, la alucinación termina precipitadamente: Manuel no dijo nunca te quiero.
Luis la mira y observa su expresión, el cambio de actitud de ella, como si le hubiesen derramado un jarro de agua fría por la espalda. La conoce de sobra para saber más allá de los sentidos y le asalta el miedo, como un sobrecogimiento que le sube ardiendo por el estómago, atravesándole, rompiéndole en dos.

-Adela, dime la verdad. No me niegues ahora lo que estás pensando, por favor…-le sujeta la cara entre sus manos implorando una respuesta.

Adela levanta la mirada y se encuentra con los ojos azules de su marido, impacientes. Piensa muy rápido que, si le dice la verdad todo estará acabado, pero…
Las lágrimas se le derraman sin avisar por las mejillas, le tiembla la barbilla, le duele la vida. La mirada de Luis la desnuda por encima de lo físico y se siente más desnuda que nunca, desesperada y desnuda.

-¡Eh! No llores-La voz de su marido la envuelve en caricias- ¿Qué te pasa? Cuéntamelo, mi vida. Dime la verdad, quiero escucharla, necesito escucharla. Sé que te pasa algo, te conozco. No es de hoy, lo sé, desde hace ya tiempo, sé que algo te falta dentro de ti …

Luis no se atreve a preguntar directamente por si se encuentra con la respuesta que no quiere oír, que casi da por real, pero que no quiere saber. Como el enfermo terminal que sospecha y trata de desviar la realidad y por lo tanto, no pregunta, prefiere no saber lo que ya conoce de sobra y se engaña con la esperanza de que todo se pueda solucionar con el tiempo, enmascarando la certeza disfrazada de silencio.
Prefiere escoger esa ignorancia camuflada que duele pero no hiere, al menos, no deja marca. Elige seguir estirando ese tiempo maravilloso que se acaba, ese sueño que comenzó un día hace ya tantos años y del que no quiere despertar.
Pero ahora, ante él le espera la realidad, la pesadilla que tanto temió-lo que en el fondo- lleva esperando todo este tiempo sin atreverse a afrontar. Alguna vez tendría que enfrentarse a su inseguridad, a la incertidumbre, mirar cara a cara el presente que se resume claramente en los ojos de su mujer, tristes y vacíos, ahogados en lágrimas.
Había intentado por todos los medios arreglar su relación, la quiere, la quiso desde siempre y nada ha cambiado en él, pero sí hay cambios en ella, en esa mujer que ahora se muestra indefensa y derrotada, bebiendo sus lágrimas intentando en vano aliviar su dolor. Siente cómo todo se derrumba a su alrededor, cómo la habitación se le viene encima con todo su peso, cómo el aire que entra con dificultad en sus pulmones se hace cada vez más espeso, impidiéndole respirar.

-No has hecho el amor conmigo ¿verdad?-Su voz suena sin energía, casi musitando, arrepintiéndose al segundo de haber formulado la pregunta porque ya conoce la repuesta.

Adela no contesta, no hace falta. Sus ojos lo dicen todo. Esos ojos por los que no dejan de caer lágrimas, una tras otra…Luis capta el mensaje y se muere un poco por dentro.

-Necesito respirar. Déjame salir de aquí. Necesito aire, por favor…-Adela se deshace de los brazos de su marido que en ese instante le parecen cadenas y se levanta agobiada, como si de verdad le faltara el aire, cubre su cuerpo desnudo con lo primero que encuentra a su paso, la manta del sofá, sintiéndose extraña con su desnudez y se dirige a la terraza.
Luis se echa las manos a la cabeza mientras la ve salir. La está perdiendo. Se le va de su vida cada vez un poco más, sin poder hacer nada. Sale tras ella en un impulso de evitar lo inevitable.

Adela está apoyada en la barandilla acurrucada en la manta, sigue llorando sin hacer ruido.

-¿Qué puedo hacer, cariño? Dime qué es lo que quieres…-la voz de Luis se le clava en la espalda

Adela se vuelve hacia él con los ojos hinchados. Apenas le sale la voz del cuerpo para decirle:

-Quiero que todo vuelva a ser como antes…

Luis la mira una vez más y tiene la certeza absoluta de que nada volverá a ser como antes. Siempre habrá un antes y un después y no podrá vivir con eso. La quiere demasiado para no hacerla feliz. El temor a perderla se hace palpable en ese momento, incluso se plantea si alguna vez la tuvo y eso le hace hundirse un poco más.
Su vida pasa ante él de forma veloz: situaciones, sentimientos y mil sensaciones placenteras acaban de pasarle por delante y no es capaz de quedarse con nada bueno. La existencia que él conoce y que le hace sentir bien se le desparrama entre los dedos. Ese momento temible ha llegado. Es inútil ya dilatar más una falsa felicidad, un fantaseado bienestar.
Luis estrecha entre sus brazos a su mujer. Le acaricia el pelo, le recoge una lágrima . Se da media vuelta y sale de la terraza.
Al cabo de un momento Adela oye cómo se cierra la puerta de la entrada y se inunda de soledad.
”Luis…”No va tras él. No puede. Se deja caer sentada en el suelo frío y con la cabeza entre las piernas ve también el final de su vida, al menos de la vida con su marido, sintiéndose incapaz de hacer nada, tan sólo llorar, iluminada por la luna, esa luna tan blanca, rodeada de un halo de colores, que proyecta su sombra delgada y temblorosa en el suelo de barro, confundiéndola con la noche.
Al cabo de un rato, vuelve a entrar en la casa. El fuego se ha apagado.
Encima de la mesa, la taza de menta ya fría. Sobre el sofá restos de un amor desecho. Y en Adela…En Adela ya no queda nada.

Cae la noche

Sangra fuerte el cielo
negro
sobre el fuerte suelo
Fuerte golpe
contra el suelo
Sangre y ahora
cielo manchado
alma resbala
gotea
llueve
sobre los tiestos
geranios
barro
cieno
suelo
gotea aún.
Miradas
No ven
Oídos
Aún oyen
Caídas y rodillas
Ahora peladas
También sangrantes
Costras negras
Ciudad que no cura
Gente que no quiere
Cielo que no reza
Iglesia que miente
Sofá negro
cerveza
cerveza
cerveza
y espera
Sólo espera
Borracho
Solo
Espera
Y el cielo aún gotea

Uno

¿Cómo helar en un verso un torrente
para que tú lo leas
para que tú lo bebas?
Una foto de mi pensamiento
sin hazañas ni mentiras
sin recuerdos ni palabras
tan sólo un latido inmóvil
un brillo apagado
dos manos, un sueño
una tortura y un olvido
Para que tú me veas
Para que tú me entiendas
¿Cómo matar a la noche para que resucite en día
para que tú despiertes
para que tú me quieras?
Que la mañana te ensarte el pecho
y sangres, y vuelvas
de nuevo retroceda el tiempo
ansiosa como ayer de tener mi vida
es la única que tu corazón anhela
la que arde el tiempo
Para que tú me ames
Para que tú no mueras

Esto va de Graná ( casi ná )...

Esto va de Graná ( casi ná )...

Yo , que soy muy cabezota , he decidido mostraros mi ciudad , Granada , de una manera original , alejada de los tópicos. Que no pienso hablar de La Alhambra , vamos.Me resultará difícil , pero intentarlo lo voy a intentar . Y sin nombrar tampoco el Generalife , que ya tiene mérito.
Granada es la ciudad de las puertas y las penas .Estoy segura de que todos sabéis lo que es una puerta , y si no lo sabéis dejáos de internet y corred a un diccionario , por favor.Las puertas de Granada eran dieciocho (aunque mi preferida ha sido siempre La Puerta del Vino , por razones que huelga comentar ) .Sí , sí , dieciocho nada más y nada menos , que son la tira de puertas a pocas cuentasque uno eche ,y si casa con dos puertas mala es de guardar , ni te digo dieciocho , pero claro , como los moros no leían a Calderón...pues eso. Lo mejor no es el número , qué va , lo que a mí me deja estupefacta es que no les sirvieran para salir ni entrar de al ciudad , no ; las ponían en mitad de cualquier parte , mayormente ( me parece a mí ) para entorpecer el tráfico , que es una cosa que después aprendieron los de Madrid , solo que allí lo perfeccionaron y a alguna le pusieron un reloj y por lo menos sirve para algo una vez al año . Aquí , como ya tenían La Alhambra , que es toda ella un reloj de sol enorme...¡ah! ¡ perdón ! que yo no iba a hablar de La Alhambra.
Supongo (que igual es mucho suponer )que también sabéis lo que es una pena . Pues en Graná en penas somos lo más . A ver , así sin pensar mucho , si pregunto por frases que os recuerden a Granada seguro que decís : "Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre " y "Dale limosna mujer , que no en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada "
¿Qué os decía ? ...un rey llorón ,y talludito ya,al que regaña su madre por entregar su reino a una señora que llevaba siete años sin cambiarse de camisa y un limosnero invidente ( precedente de la ONCE , si es que somos pioneros en todo , no se crean )
Pero eso no es todo , no señor .¿La tercera cosa más famosa de Granada ? (que no , que La Alhanbra no cuenta y tampoco es Rosa de España ). La tercera cosa más famosa es la MALAFOLLÁ GRANAÍNA , ese sambenito que llevamos no por poco fornicadores (que igual también ) sino porque al que no servía para nada le mandaban a las fraguas del Sacromonte a soplar el fuelle ( a follar , vamos ) . El que no servía ni para soplar fuelles , el tonto perdío , era un malafollá ¿no es una pena de malentendido?.
Otras preguntas de culturilla general , que solitos me váis a dar la razón en lo de las penas :

¿La patrona de la ciudad ? La Virgen de Las Angustias ( superad el nombre , anda )
¿El paseo más conocido ? El Paseo de los Tristes .
¿La fuente más famosa ? De aynadamar ( de las lágrimas )
¿El Carmen más visitado? El de los Mártires .

No creo que haya que insistir en lo de las penas , que ya tenemos un Carmen aquí y ésto sí que me va a costar explicarlo ...¿Que qué es y por qué se llama Carmen ? jolín , ¿Y por qué Mercedes en lugar de Jimena ? ¡ pues yo que sé ! ¡qué pregunta con más malafollá ! , encima ahora , que ya me despedía.Mejor venís a verme y os lo explico en vivo y en directo . Cuando estéis en Granada , nos vemos en Puerta Real ...y tened en cuenta que ésta es la tierra de las contradicciones , así que para daros la razón os diremos ¡ anda que no...! pero para llevaros la contraria tenemos la frase perfecta : ¡ sí , por la polla...!

Ea guapos , nos vemos en Granada .

poesía fría

En blanco


Mente en blanco, papel en blanco

¡Socorro!


Grita una palabra

No quiere morir sola naufragando en el mar de renglones


¿Mar?

Te equivocas
Es mente

Es sólida

Es tierra

Fría tierra

¡ Socorro!

Grita

La nieve lo ha cubierto todo


Pero nada muere

Versos enterrados a tres metros




Inspiración, me inspira tu ausencia



Bienvenido seas, invierno del papel

In my eyes

Un taladro agujerea el silencio
Estoy en el lugar de siempre
o él está en mi
ya no sé decirlo …
La ventana tiene los ojos abiertos
El televisor duerme la siesta
Ahora un martillo golpea mis palabras
algo estarán colgando (¿seré adivino?)
Estoy en el lugar de siempre
Es verano o casi
Hay un mar por algún lado
chupando bañistas
Creo que las paredes son de cartón
El cielo estaba constipado
pero ya se ha curado
Parece que ha terminado con lo que hacía
ahora oigo sus pasos sobre mis ideas
Viernes
La ciudad parece agazapada
acechando a la noche
Aún es media tarde
Las nubes toman el sol
Estoy solo
Estoy en el lugar de siempre
No puedo evitar preguntarme
donde vivirán ahora tus ojos.

HACIENDA EN RUINAS

HACIENDA EN RUINAS

¿Por qué no vienes, Jesús,
y da un repaso a tu hacienda?
La casa ya está en ruinas,
las almas tienen goteras,
y los corazones todos
se han revestido de chapa
de doble hoja de acero,
para protegerse raudos
del llanto y dolor ajenos.
En el jardín no hay rosales,
y las flores que eclosionan
para mayo engalanar,
son incoloras y mustias
que dan tristeza y pesar.
Sólo las hiedras perduran
agarrándose a los muros
en un abrazo letal.
Y la grama en los bancales
no deja crecer el trigo,
absorbiendo sus raíces
los manantiales nutrientes,
sin que aquél pueda espigar
y dar su fruto debido.
En los campos, la amapola,
sensible, fresca y erguida,
tampoco es amiga fiel
del trigo de rubia espiga,
cuando en noble competencia,
siempre siguieron con celo
su carrera al infinito
mirando siempre hacia el cielo.
La flora y fauna están muertas,
el aire está corrompido,
y la voluntad del hombre
se enardece y se cultiva
hasta hacer de su sapiencia
un cementerio de vida.
¡Si Tú no vienes, Jesús,
y no nos muestras tu herida,
no habrá nadie que se crea
que una lanza en tu costado
fue capaz de transformar
una sociedad perdida!

Presente

(Escribo porque realmente te lo debo, y por escribir lo que tiene que ser escrito, no sólo por complacerte... También, por ver si soy capaz)

¡Cómo convencerte de que todo merece la pena!

En realidad, tú me diste el argumento, y es bueno.

Podemos lamentar lo que fue, o conjeturar lo que será. Podemos también pensar en lo que es.
Tienes razón: ya no es antes, porque es ahora. Antes sí, fue antes, y fueron todos esos errores que ya no tienen remedio. Antes era antes, y yo era yo... pero ahora soy yo. Y tú eras tú y siempre seguirás siendo tú, pero ahora eres tú y además de ser, estás, que es lo importante.

Ahora, en este preciso instante, te pienso, pienso que estás, y no quiero dejarte ir.

Uno mira hacia atrás y todo tiene aspecto de fantasma, mira hacia adelante, y todo tiene aspecto de fantasma.
Por favor... ¡instálame en el ahora!

Porque ahora sé lo que sé.
Ahora siento lo que siento.
Ahora soy lo que soy.
Y ahora, justo ahora, te necesito cerca.

Porque me robas la paz gris de las tardes de domingo, y me arrojas al torbellino de la vida que se renueva.
Porque soy de la familia de la piedra (y no de aquel mármol con el que está hecho el David de Miguel Ángel, sino más bien del granito más arisco) pero tu mirada me hace carne y me da forma humana.
Porque soy de la familia del pino y doy frutos duros y secos, pero tus palabras me sacan brotes más frescos, brotes de alegría y pena.
Porque soy el hombre más simple del mundo, ya lo sabes, tan simple que a veces parezco una ameba, pero quiero ser multicelular para gustarte.

Porque tu contacto me hace humano, porque me evolucionas, por eso te necesito.
Para tenerte ahora, y luego... ¡que sea lo que Dios quiera!

Introducción, conflicto y desenlace

Los inicios siempre son lo mejor. Uno inicia algo con toda la ilusión del mundo, sin ser capaz de concienciarse de que cuanto más alto se suba a las nubes, más dura será la caída, o de que lo bueno tiende a durar poco.
Nada como el primer amor, la primera vez, las primeras semanas de un noviazgo...
Yo tenía dos amigas. Una de ellas cambiaba de novio cada semana. La otra, digamos que tenía una vida menos "agitada". Cuando la de los "no-novios" se encontraba con la de los "novios-semanales", nos comentaba: - He visto a Raquel, ya está con un novio nuevo. ¡Me encanta la filosofía de esta chica, porque las primeras semanas siempre son las mejores, y ella sólo vive primeras semanas!
Por mi parte, intento no tejer con demasiada fuerza la tela de la introducción, aunque me resulta imposible, ya que no hay nada como estrenar ropa nueva, pisar la nieve blanca y reciente, los primeros días de clase...
Idealizo, imagino, espero, deseo.
Luego vienen los conflictos, que son conflictos de verdad.
Porque una agranda las cosas. Una gusta de meter el dedo en sus propias llagas, agrandar las heridas hasta hacer verdaderos boquetes.
El conflicto es el período de guerras. Nada tiene que ver con los momentos "rosas" de la introducción, en este siempre han de aparecer las sombras, las dudas, los celos, las manías. ¡Si no no sería conflicto!
Lo malo es que algunos profundizamos demasiado en el conflicto, arriesgándonos a quedar atrapados en él, tal vez por un oscuro y secreto deseo de visitar las mazmorras del castillo, de mezclarse entre la chusma y la podredumbre.
En cuanto al desenlace, me pregunto si en realidad existe. Porque sí, hay historias que acaban. Me imagino que los capítulos de la vida finalizan tarde o temprano, pero nada es definitivo hasta la muerte.

Los madriles

En otras ciudades a las que uno puede viajar impunemente si dispone de dinero, se puede comprar el callejero y decir: "he aquí la representación esquemática de una realidad objetiva".
A los visitantes ocasionales, las apariencias y las costumbres adquiridas en sus lugares de origen pueden engañarles, y llegan a creer que en Madrid sucede lo mismo. Sin embargo, basta con echar una mirada un poco crítica a ese plano para sospechar que algo falla. Con sus calles enrevesadas y su río pobre y marginado (un río que está a medio camino entre río y ausencia de río) cuesta mucho trabajo creer que tal ciudad sea posible.

Creo que ha llegado la hora de que se sepa fuera de las fronteras de este sueño colectivo: Madrid no es una ciudad objetiva, sino una maraña de ciudades subjetivas que se entrecruzan y habitualmente se ignoran (hasta que colisionan por casualidad). Hay madriles hechos de horas de oficina y reuniones, que de pronto se chocan con una cuidad de novela de espías, a la vez que ya se aproxima un Madrid festivo para acabar de cambiar todo de lugar y crear una ciudad de tedio de espías y misteriosa burocracia. Los callejeros de Madrid son acuerdos, meras convenciones que se establecen para que las distintas ciudades no se pierdan, y puedan seguir colisionando.
Madrid está hecho de miradas fugaces, de recuerdos incompletos y de enormes espacios vacíos donde sólo nuestra más firme voluntad de creer en la urbe puede poner calles.
Cuando alguien de fuera pregunta a un madrileño cómo se llega a cierto lugar, éste creará nuevas calles, parques, plazas y papeleras para el visitante. Mientras le indica que la primera a la derecha, luego siga unos cien metros y verá un semáforo, parecerá que se esfuerza en recordar: en realidad hace algo aún más difícil, inventa. Como el madrileño desconoce las expectativas que el visitante tiene del lugar que busca, jamás le indicará todo el camino. Le dejará abandonado en alguna glorieta o avenida, diciéndole que "allá pregunte". Tendrá que ser el propio visitante quien, después de atravesar los ensueños de varios madrileños y cansado ya de buscar, invente su propio lugar de destino.

Esto, que puede ser una molestia para el turista acostumbrado a las ciudades sólidas, tiene su encanto para aquel que ha aprendido el juego de perderse en Madrid y recorrer las calles según uno se las va inventando, poblándolas con detalles en apariencia insignificantes (aquí un cubo de basura lleno a rebosar, en la que sale hacia la derecha una tienda de sombreros y allá un gato...). Detalles que, pese a su aparente insignificancia, van colmando misteriosamente las necesidades estéticas, éticas y metafísicas del paseante.
También es muy popular en Madrid el juego de la memoria. Se dan casos prodigiosos: barrios enteros condensados en una sola mente, que es capaz de evocar cada adoquín, cada hoja de árbol, cada desperfecto en la calzada, y, en fin, cada centímetro cúbico de un barrio que probablemente no contenga nada más notable que sus centímetros cúbicos. Este juego mnemónico es peligroso, pues puede crear adicción. Se conocen casos de madrileños que, habiéndose mudado a otras ciudades perfectamente reales y tangibles, han preferido vivir muchos años en sus recuerdos de Madrid.

En esta ciudad enteramente imaginaria, hay habitantes que aún se obstinan en buscar el Madrid real, aunque a la mayoría nos parezca una entelequia sin ningún fundamento. Hay quien afirma que la Puerta del Sol es un lugar objetivo, tan solo porque es el lugar que pertenece a más madriles. De hecho, casi podría hablarse de consenso, pero esto no es lo mismo que realidad objetiva. De todas formas, hay quien se agarra a esta mera apariencia de objetividad para ir aún más lejos: quieren convencerse de que, de alguna manera, todo fluye desde este pretendido centro real. Afirman que, si uno sigue la numeración de las calles madrileñas en orden descendente, siempre acabará en la Puerta del Sol. He de confesar que no lo he comprobado, pues sería imprudente hacerlo. Todo el mundo sabe que, cuando uno se abandona a calles inventadas por otros, corre el riesgo de caer en una trampa. Por ejemplo, bastaría inventar cuatro calles que formen un cuadrado con los números dispuestos de tal modo que uno entre en un bucle infinito, y quede para siempre atrapado, buscando eternamente la Puerta del Sol. De todas formas, aunque fuera verdad la afirmación que se hace acerca de la numeración de nuestras calles, más que un orden parecería una especie de fórmula mágica o encantamiento: Uno va restando a lo que es, hasta llegar al Cero Absoluto (o Kilómetro Cero, o la Nada, o la Muerte). Allí se encontrará con un lugar llamado Puerta del Sol, nombre que evoca rituales paganos.

Amor

Amor

Amor, ¿que paso?, te fuiste y sigo sin saber porque, dímelo por favor, ¿Por qué lo hiciste?,aun recuerdo aquella remota tarde en que había de despedirte en aquel perdido embarcadero, te ibas en el barco y me decías adios con una mano, yo lloraba mi amor, lloraba por tu ida, y esta vez para siempre, todavía recuerdo nuestro último beso, justo antes de que subieras en aquel viaje sin retorno, nuestros labios se fundieron en uno y sabía a salado por culpa de aquella lágrima tuya que había penetrado en nuestros labios, fue tu única lágrima en aquella despedida. Nuestras manos exploraban por última vez nuestros cuerpos intentando recordar para siempre cada curva de ellos.
Te fuiste mi amor, vida, alma mía que nunca volverá, y soy un cobarde, un cobarde que no te esperará en vano, me despido de ti, aunque nunca leas esto, adios mi amor…Lo peor de todo alma mía es que soy tan cobarde que no soy capaz de poner fin a este sufrimiento, debí haber tomado aquel barco contigo, aunque me cambiase la vida, aunque muriese junto a ti, que es lo que debería haber hecho mi amor, morir junto a ti, unidos en un último abrazo, convirtiéndonos en uno solo, en un placer pleno y sastifacción total en el momento de la muerte, y reposaríamos ahora juntos en el mar.

Curioso encuentro

Curioso encuentro

Estaba yo sentado en la ribera del camino, apoyado al muro que rodeaba el albergue donde me alojaba aquella noche y donde hay unas vistas privilegiadas.
Miraba unas colinas cercanas por donde pasa el camino que horas antes había andado yo, y divagaba en no se que reflexiones mías, cuando por aquellas colinas vi a un hombre andando, que venía hacia mi, el cual estaba a una distancia de un kilómetro aproximadamente. El hombre apenas era un pequeño bulto en el paisaje, pero era un bulto móvil, que aunque lento avanzaba inexorablemente. Pasaron unos minutos y vi que aquel hombre llevaba una mochila muy grande y que vestía unos marrones pantalones cortos y una camiseta blanca también corta, pasaron otros cinco minutos, cuando vi que era un hombre mayor, octogenario quizás, con pelo corto y barbas cortas, ambas blancas como la nieve, tenia los ojos azules y llevaba unas gafas viejas y grandes, iba muy sucio , y andaba fatigado apoyándose en un viejo y arrugado bordón con el cual marcaba los pasos y se acercaba a mi.
El hombre estaba ya a escasos cincuenta metros cuando comenzó a ascenderle la cuesta que tienen los puentes romanos y seguidamente comenzó a bajar el lado contrario del puente , se acerco a mi en vez de continuar su camino o entrar en el alberge (como creía yo, puesto que ya era tarde para continuar andando).El hombre media un metro con sesenta o setenta centímetros.
-Joven-comenzó a decir el anciano hombre con una voz no muy ronca y con un tono agradable-¿puedo sentarme junto a ti?
-Por supuesto caballero, el campo es de todos- le conteste, y el hombre se sentó con trabajo, y me miro con una mirada muy penetrante.
A partir de ese momento empezamos a hablar sobre diversas cosas, escuchándole hablar comprendí que era hombre muy sabio, que sabia de muchas cosas, me supo aconsejar sobre mi futuro y como tendría que tomar mis decisiones en adelante. Todo esto me decía el hombre de manera muy simpática, queriéndome enseñar sobre la vida. El hombre me dijo que era director de cine, pero yo no lo conocí, me dijo que en su vida se le habían acercado gente que después lo habían traicionado, y que yo debía de cuidarme de esa gente en mi vida. Cuando nos dimos cuenta cayo la noche, y el hombre se acordó que no había cenado, se levanto, me agradeció por haber tenido conmigo tal conversación pero yo no le acepte los agradecimientos, es más, yo se los di a él encarecidamente, nos despedimos, y me marché a mi habitación, pensativo por lo ocurrido.
Cuando llegué a mi cuarto y vi a mi padre, le conté lo ocurrido, y el me dijo que me había visto y que el hombre se parecía a un director de cine, yo le dije sorprendido, que el hombre me había dicho que lo era pero yo no lo conocí, mi padre me dijo que las tres o cuatro horas que había estado hablando con aquel hombre, había estado hablando con Luís García Berlanga.

DE ESCLAVA A SEÑORA

DE ESCLAVA A SEÑORA

Sortilegio de estrellas, música y luces,
Dios se recreó en mi santa Andalucía,
alumbrando el sendero a los andaluces
para que no erraran en la travesía
que el destino cruel les había marcado,
viendo en cada paso su filosofía,
confundiendo el llanto sordo y descarnado,
con jarana, fiesta, cante y alegría.
Ya no me confunden tus guitarras,
ni tu cante el corazón me desespera,
ni al oírte las entrañas me desgarras;
porque de humillada, oprimida y postrera,
en tu duro caminar hacia el progreso,
has pasado a ser bella, digna y puntera
siendo remozada y sin perder por eso
tu gracia personal y belleza austera
que despierta pasión, gozo y embeleso.
Ya sabes reír sin quiebros ni quejidos,
y cuando suspiras, lo haces dignamente:
la copla no es el motor de tus latidos
que te han hecho famosa, muy vagamente,
con el sello grotesco de Andalucía;
porque tu talento, parco y brillante,
sólo Dios y tus hijos lo conocían,
cuando el poderoso no quiso escucharte
y tus deudos de cuna no te veían.
Goreño

Contradicciones

Es difícil explicar por qué el corazón se te viene a la boca y las lágrimas a los ojos.Ni yo me lo explico . No sé cómo llamar a esa rabia que a ratos me ahoga y a ratos me deja desarmada y rota , si pudiera ponerle un nombre , las cosas que tiene nombre nos parecen tan sencillas...si lo llamas amor o lo llamas odio o lo llamas despecho o lo llamas insomnio ya está clasificado, ya podemos guardarlo en el cajón de las cosas con nombre .
Pero hay cosas innombrables , deseos de cosas que no se pueden tener , que ni siquiera se pueden querer pero se quieren , deseos blancos , negros, azules , sobre todo azules. Sueños que se desvanecen entre los dedos ...Quisiera tomar cada cosa de mi vida y cambiarle el nombre, creo que así podrían parecerse más lo que me rodea y lo que siento.
Mi cabeza y el mundo real son tan diferentes que asustan

Carmen

Carmen

Una mañana de invierno amanecía un cielo encapotado en nubes de un color que presagiaba lluvia, Sevilla desprendía humedad, frío, y siniestra soledad en un domingo a las siete de la mañana aproximadamente. Una joven de unos veinte años de edad comenzó a cruzar el puente de triana, histórico puente, con paso rápido. La joven iba vestida con un traje de fiesta rojo, llevaba el pelo enmarañado, el maquillaje le corría por el rostro, debido a un mar de lágrimas que florecían de sus ojos verdes y le corrían tez abajo. La joven, llamada Carmen, paró el paso en la mitad aproximada del puente, miró el río, que lenta e inexorablemente avanzaba con indiferencia en busca del mar, de sus aguas florecía paz, ni una onda rompía la tranquilidad del río Betis, actualmente llamado Guadalquivir, que reflejaba la luz dorada desprendida de las farolas, a lo lejos se dislumbraba la Giralda, erguida con orgullo y grandeza sobre su ciudad.
Carmen se enjugó su rostro con los puños, corriéndose aun más su rimel, ni un coche perturbaba la ciudad a esas horas, se aferró a la baranda, en el puño derecho llevaba una foto de tamaño carnet, la observó, en ella aparecía ella abrazada a un hombre joven de más o menos su edad, ambos reían y tenían rostros felices, la foto emanaba el amor que ambos tenían, besó la foto, guardándola acto seguido en un pequeño bolso.
Se encaramó en la baranda y saltó al otro lado de ésta, se aferraba con fuerza, a la reja, con ambas manos y con el cuerpo algo inclinado hacia el río, unos metros por debajo, suspiró fuertemente, sin poder dejar de llorar intensamente, tenía los ojos prácticamente secos después de tanto llorar, se irguió pegando sus espaldas a la baranda, miró al cielo, el cual empezaba a dejar caer sobre la ciudad unas gotas de agua. Carmen se volvía enjugar ambos ojos con la mano izquierda, cerró los ojos, miró al frente y pensó, ``¿Que me aferra a la vida?´´, esperó una contestación, nada le respondió.
Carmen soltó las manos, quedándose torpemente erguida, paralela a la barandilla, se colocó en forma de cruz, después, empezó a inclinarse hacia delante, comenzando a caer, en forma de cruz comenzó a caer, paralela al río, el pelo se levantaba hacia arriba como queriendo separarse de su dueña para no caer a las frías aguas, su vestido ondulaba al viento plegándose caprichosamente, y resaltando su figura, a sus curvas, caía con los ojos fuertemente cerrados. Penetró en el agua, ocasionándole un fuerte dolor, el río la trago produciendo muchas ondas, y después volvió a su habitual forma, Carmen se hundió lentamente cada vez mas hondo, había respirado justo antes de entrar en el agua, se hundía sin ofrecer resistencia, dejándose llevar, abandonando su vida, el traje luchaba por subir a la superficie, plegándose hacia arriba, al igual que su pelo. Se sentía siniestramente feliz, al poder huir de la vida, del sufrimiento impuesto, a veces a personas de las que no lo merecen, caprichoso destino que igual que te da alegrías te las quita, Carmen había perdido el sentido de su vida, nada la aferraba a ésta, solo dolor, dolor y soledad, dio un vano intento de respiro, pero solamente agua entró en sus pulmones, en los que apenas quedaba aire, Carmen empezó a perder el conocimiento, pero tenia un rostro indiferente a lo que ocurría, sonrió por ultima vez, y la vida se fue de ella, dejó su cuerpo inerte, la corriente la había atrapado llevándola en un fúnebre viaje al mar, para devolverla a la materia de la que venimos, a olvidarla en él, fundiéndola con él.

Un roce tuyo

Un roce tuyo

La nítida voluptuosidad de dos cuerpos
ante la levedad de una caricia inoportuna.
Llegan las olas bruscamente a mojar las rocas
como me busca un roce tuyo,
más allá de todos los etcéteras.

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